
Las terapias CAR-T representan uno de los mayores cambios de paradigma de la medicina moderna: consiste en utilizar las propias células inmunitarias de la persona como un “medicamento vivo”, modificándolas para que sean capaces de reconocer y destruir las células enfermas. “Una estrategia que tiene sus raíces en el trasplante de médula ósea y que, gracias a la ingeniería celular, ha evolucionado hasta permitir diseñar linfocitos con nuevas capacidades”, explicó el Prof. Antonio Pérez Martínez, académico correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), durante su primera sesión científica celebrada en la sede de la institución.
Según abordó este experto, el concepto comenzó a tomar forma en 1989, cuando Zelig Eshhar desarrolló los primeros receptores quiméricos de antígeno o CAR. Sin embargo, tuvieron que pasar más de dos décadas hasta demostrar todo su potencial en pacientes. En 2011 se consiguió una remisión completa y duradera en un adulto con leucemia linfática crónica y, un año después, Emily Whitehead, de siete años y con una leucemia linfoblástica aguda muy resistente a los tratamientos, se convirtió en la primera paciente pediátrica tratada. Más de una década después continuaba libre de cáncer.
“Las primeras aprobaciones regulatorias llegaron en 2017 y, desde entonces, las indicaciones se han extendido desde determinadas leucemias hasta los linfomas B y el mieloma múltiple. Más de 40.000 pacientes han recibido ya estas terapias. Además, las CAR-T han comenzado a pasar de ser un recurso de última opción a utilizarse en fases más tempranas de algunas enfermedades”, aseguró el Prof. Pérez, quien también es jefe del Servicio de Hematoncología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz de Madrid y profesor y catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.
Los resultados pueden ser extraordinarios, pero todavía existen importantes limitaciones. “En la leucemia linfoblástica aguda B, por ejemplo, solo alrededor de un tercio de los pacientes logra una curación duradera”, reveló. Una de las principales causas de recaída es el llamado “escape antigénico”: el tumor modifica o pierde la molécula que las CAR-T utilizan para identificarlo. “Para intentar evitarlo, investigadores del Hospital Universitario La Paz hemos desarrollado una CAR-T académica de doble diana. Entre los primeros 15 pacientes tratados después de recaer tras una CAR-T comercial, 13 respondieron al tratamiento y 10 permanecían libres de enfermedad”, manifestó el Prof. Pérez.
España ocupa precisamente una posición destacada gracias a su modelo académico y público. Este académico correspondiente recordó que el ARI-0001, desarrollado en el Hospital Clínic de Barcelona y autorizado en 2021, fue el primer CAR-T desarrollado íntegramente en Europa autorizado por una agencia reguladora, y en 2024 se incorporó el ARI-0002h para mieloma múltiple. “Este modelo permite, además, investigar tratamientos para pacientes y enfermedades que pueden quedar fuera del interés comercial”, reconoció.
El gran reto ahora es ampliar esta revolución. Los tumores sólidos siguen siendo especialmente difíciles por sus barreras físicas, su heterogeneidad y su entorno inmunosupresor. “Paralelamente, se investigan CAR-T de donantes sanos, edición genética, sistemas de fabricación más rápidos y baratos y una posibilidad especialmente transformadora: crear las CAR-T directamente dentro del organismo mediante ARN mensajero y nanopartículas lipídicas, evitando extraer y modificar las células durante semanas”, declaró el Prof. Pérez.
En palabras del académico, su trascendencia podría ir incluso mucho más allá del cáncer, con investigaciones en enfermedades autoinmunes y otras patologías. “El futuro es prometedor, pero exige prudencia: estas terapias pueden producir toxicidades graves y todavía presentan importantes barreras biológicas, económicas y de acceso. La gran transformación consiste, en definitiva, en haber pasado de administrar medicamentos a diseñar células vivas capaces de convertirse ellas mismas en el tratamiento”, concluyó.