
La escuela se debe consolidar como un escenario fundamental para prevenir, detectar precozmente y abordar los problemas de salud mental de niños y adolescentes. “Igual que en otras enfermedades actuar pronto mejora el pronóstico, en salud mental resulta fundamental intervenir antes de que los problemas se agraven. Para conseguirlo, la colaboración entre los sistemas sanitario y educativo es imprescindible”, este fue el mensaje principal lanzado por el Prof. Celso Arango, académico de número de Psicología Médica de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), en su reciente sesión científica coincidiendo con el reinicio de la actividad académica de la institución.
Uno de los ámbitos prioritarios es el acoso escolar, especialmente entre los alumnos más vulnerables. Un estudio realizado en la Comunidad de Madrid con 1.608 estudiantes con necesidades educativas especiales por trastornos del neurodesarrollo encontró que tenían una probabilidad de sufrir acoso escolar casi seis veces mayor que sus compañeros. “El riesgo era especialmente elevado cuando existían dificultades de lenguaje o comunicación social y llegaba a ser casi nueve veces superior en determinados diagnósticos, como los trastornos del espectro del autismo”, reveló este académico, quien también es jefe del Servicio de de Psiquiatría Infantil del Hospital Universitario La Paz de Madrid y catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid.
La buena noticia es que la prevención puede funcionar. El programa LINKlusive, desarrollado en 20 centros educativos y evaluado en miles de estudiantes, ha conseguido resultados significativos en Educación Primaria. “Entre los alumnos de Primaria con necesidades educativas específicas, la victimización disminuyó un 45,6 % en el grupo que recibió la intervención, frente a un 0 % en el grupo control”, ratificó. “La experiencia demuestra que estas intervenciones pueden ser factibles, relativamente breves y gratuitas, aunque sus resultados dependen de la edad y deben interpretarse con prudencia”, añadió.
Esta filosofía preventiva se ha trasladado a los programas que conectan directamente los centros educativos con los servicios de salud mental de la Comunidad de Madrid. Incluyen apoyo a estudiantes con trastornos graves que regresan al colegio después de un ingreso, seguimiento de alumnos ya diagnosticados, formación de profesores para reconocer señales de alerta, evaluación y derivación de posibles casos y actividades de prevención y promoción de la salud mental.
En palabras del Prof. Arango, los datos muestran su creciente alcance. Para el curso 2026-2027, los programas vinculados a los hospitales Gregorio Marañón, Sureste y La Paz abarcan 130 centros educativos y suman 117.947 beneficiarios directos. Solo en el área de La Paz se contemplan 34 centros y 30.373 beneficiarios directos. Además, en los cursos evaluados se detectaron centenares de alumnos con problemas de salud mental que no tenían un diagnóstico previo.
La prevención debe afrontar, además, nuevos desafíos relacionados con el entorno digital. Según el estudio ESTUDES 2025, los adolescentes de 14 a 18 años pasan una media de 5,1 horas diarias en internet entre semana y 6,7 horas durante el fin de semana.
Otro dato llamativo es el consumo de pornografía: el 57,8 % declara haberla visto alguna vez, aunque supone un descenso respecto al 66,8 % de 2023. La diferencia por sexo es enorme: 80,1 % de los chicos frente al 35,4 % de las chicas. “Entre quienes habían consumido pornografía durante los últimos 30 días también se observaban porcentajes superiores de consumo intensivo de alcohol, cannabis y tabaco, una asociación que no demuestra por sí misma causalidad”, destacó este académico.
“Mi advertencia es clara: la salud mental infantil y adolescente no puede abordarse únicamente cuando el joven llega a una consulta”, insistió el Prof. Arango. La escuela permite prevenir, detectar antes, apoyar a profesores y familias y conectar rápidamente al alumno que lo necesita con los profesionales sanitarios. “El siguiente paso pasa por ampliar esta colaboración, reforzar los equipos multidisciplinares y utilizar nuevas herramientas de cribado y prevención para intervenir cada vez antes”, concluyó.