REAL ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA DE ESPAÑA

Actualidad Médica 24 de junio de 2026

El amplio espectro de las demencias asociadas a enfermedades neurodegenerativas

El amplio espectro de las demencias asociadas a enfermedades neurodegenerativas

Las enfermedades neurodegenerativas con demencia son un importante problema de salud pública. “La enfermedad de Alzheimer representa entre el 60% y el 80% de los casos de demencia, mientras que otras patologías, como la demencia vascular o la demencia por cuerpos de Lewy, también tienen un peso significativo”, aseguró el Prof. José Á. Obeso, académico de número de Neurología de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), durante la última sesión científica celebrada en la Academia junto a dos especialistas de renombre internacional: el Dr. Pascual Sánchez-Juan, director científico de la Fundación Centro Investigación Enfermedades Neurológicas (CIEN), y el Dr. Giacomo Koch, de la Sección de Fisiología Humana del Departamento de Neurociencias y Rehabilitación de la Universidad de Ferrara (Italia) e investigador del Experimental Neuropshychology Lab, Fondazione S. Lucia IRCCS en Roma.

El Prof. Obeso, como experto en la enfermedad de Parkinson, explicó que el diagnóstico de esta patología “multiplica por seis el riesgo de desarrollar demencia en comparación con la población general”. Además, añadió, el envejecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida están haciendo que cada vez haya más personas afectadas por esta complicación.

La evolución cognitiva en el Parkinson suele ser gradual. “Muchos pacientes pasan primero por una fase de deterioro cognitivo leve, considerada un período crítico porque puede ofrecer una oportunidad para intervenir antes de que aparezca una demencia establecida”, reveló.

Según el Prof. Obeso, que también es director del Centro Integral en Neurociencias Abarca Campal HM CINAC, “los estudios de neuroimagen muestran que, en las fases iniciales del deterioro cognitivo, las alteraciones del funcionamiento cerebral pueden aparecer incluso antes de que se produzca una pérdida significativa de tejido cerebral, lo que abre la puerta a un diagnóstico más precoz y a futuras estrategias terapéuticas”.

Por su parte, el Dr. Sánchez-Juan abordó, durante su ponencia, cómo la forma de entender y tratar la enfermedad de Alzheimer está viviendo una auténtica revolución. Durante décadas, el diagnóstico se basaba principalmente en los síntomas clínicos y, en muchos casos, solo podía confirmarse con certeza tras el fallecimiento del paciente. Hoy en día, según sus palabras, “el concepto ha cambiado radicalmente: el Alzheimer se considera una enfermedad biológica que comienza muchos años antes de que aparezcan los síntomas”.

Uno de los grandes avances ha sido el desarrollo de los biomarcadores, es decir, pruebas capaces de detectar los cambios característicos de la enfermedad. “Inicialmente se realizaban análisis de líquido cefalorraquídeo o pruebas de imagen muy complejas y costosas. Sin embargo, la gran novedad es la aparición de análisis de sangre, especialmente el biomarcador pTau217, cuyo rendimiento diagnóstico es similar al de las pruebas más sofisticadas”, reveló.

Este avance permite detectar la enfermedad de forma más temprana y seleccionar mejor a los pacientes que pueden beneficiarse de los nuevos tratamientos. “Entre ellos destacan los primeros medicamentos antiamiloide aprobados, como Lecanemab y Donanemab, que han demostrado ralentizar el deterioro cognitivo entre un 3% y un 22%, dependiendo del estudio y del grupo de pacientes analizado”, declaró el Dr. Sánchez-Juan.

No obstante, este experto reconoció que el Alzheimer es una enfermedad muy compleja y que el amiloide es solamente una parte del problema. “También intervienen la proteína tau, la inflamación cerebral y otros procesos biológicos. Por ello, el futuro apunta hacia las terapias combinadas, similares a las utilizadas en otras enfermedades complejas, y hacia la prevención secundaria, es decir, tratar a las personas antes de que desarrollen síntomas importantes”, manifestó.

Otro gran reto consiste en identificar a las personas con mayor riesgo de padecer la enfermedad mediante análisis de sangre, marcadores digitales y estudios genéticos. El objetivo final, concluyó el Dr. Sánchez-Juan, “es avanzar hacia una medicina cada vez más personalizada, capaz de ofrecer el tratamiento adecuado a cada paciente en el momento oportuno”.

La estimulación magnética personalizada del cerebro ralentiza el deterioro del Alzheimer

Por último, el Dr. Koch abordó una de las líneas de investigación más prometedoras en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer: la estimulación cerebral no invasiva mediante técnicas de neuromodulación.

Este neurólogo italiano comenzó explicando que el punto de partida es que el Alzheimer no solo se caracteriza por la acumulación de proteínas beta amiloide y tau, sino también por una importante disfunción sináptica, es decir, un deterioro en la comunicación entre las neuronas.

“Hemos identificado cuatro alteraciones principales: un desequilibrio entre excitación e inhibición neuronal, que provoca hiperexcitabilidad; una alteración de la actividad cerebral gamma (entre aproximadamente 25 y 100 Hz), esencial para la memoria y otras funciones cognitivas; un deterioro de la plasticidad cerebral, la capacidad del cerebro para aprender y adaptarse, y una pérdida de conectividad entre distintas regiones cerebrales”, resumió.

Una de las estructuras más afectadas es la denominada Red Neuronal por Defecto (Default Mode Network o DMN), un conjunto de áreas cerebrales especialmente relacionadas con la memoria y que acumula gran cantidad de proteínas patológicas del Alzheimer. “Para estudiar estas alteraciones, utilizamos la combinación de estimulación magnética transcraneal (TMS) y electroencefalografía (EEG). Esta tecnología nos permite obtener una especie de ‘huella neurofisiológica’ individual de cada paciente, lo que hace posible diseñar tratamientos personalizados”, confesó.

La hipótesis del Dr. Koch y su equipo de investigadores es que la estimulación cerebral no invasiva puede mejorar la plasticidad cerebral, restaurar la actividad gamma y reorganizar las conexiones neuronales. “Los resultados clínicos obtenidos hasta ahora son alentadores”, destacó.

Según detalló este experto, el ensayo principal incluyó 48 pacientes con Alzheimer leve o moderado, distribuidos entre un grupo tratado con estimulación real y un grupo placebo. “El protocolo consistió en una fase intensiva de 10 sesiones, una fase de mantenimiento de 50 sesiones y cada sesión aplicó 1.600 pulsos a 20 Hz. Tras 52 semanas de seguimiento, el deterioro clínico medido mediante la escala CDR-SB fue significativamente menor en los pacientes tratados”, subrayó.

Además, añadió, “el 37% de los pacientes tratados no mostró progresión de la enfermedad, frente al 17% de los pacientes del grupo placebo”. También se observaron beneficios en otros indicadores como el ADCS-ADL (capacidad funcional), el MMSE (función cognitiva global), el ADAS-Cog11 (deterioro cognitivo), y el NPI (síntomas neuropsiquiátricos).

“Las pruebas de resonancia magnética también mostraron una mayor conservación de la conectividad cerebral y una menor pérdida de sustancia gris en las personas tratadas”, apuntó este neurólogo italiano, quien consideró que “esta terapia podría convertirse en un nuevo enfoque terapéutico para el Alzheimer, aunque es esencial realizar estudios multicéntricos más amplios para confirmar los resultados y comprender mejor sus mecanismos de acción”.

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