
Entrevista al Prof. Enrique Moreno, académico de número de Cirugía General, tras recibir la placa de antigüedad de la RANME
1. Usted es una de las figuras más relevantes de la cirugía española contemporánea. Se licenció en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid en 1962 y fue doctor en 1972 con una tesis sobre una nueva técnica de trasplante hepático. ¿De dónde le viene su interés por la medicina y, en concreto, por el hígado?
Creo que la medicina, la sanidad en general, es de gran interés para la sociedad, especialmente en la actualidad, cuando existen tantos canales informativos. Para una gran parte de los jóvenes, la ciencia médica supone un objetivo que se aproxima a la lucha en favor de los enfermos, haciéndoles partícipes de la curación, de la recuperación de la salud. No hay compensación mayor para un médico que la recuperación de un enfermo, restableciendo la unidad familiar, el futuro de la mujer y de los hijos.
El hígado ha sido el exponente de investigadores, cirujanos, médicos en general, pero también el gran desconocido. La terapéutica de las enfermedades que en él asientan no ha podido ser estudiada hasta no desarrollarse la metodología diagnóstica más elemental que ahora hemos podido aprovechar, el conocimiento de las infecciones virales, el estudio de su entramado vásculo-biliar, el acceso a las técnicas quirúrgicas que han posibilitado la exéresis de tumores primitivos y secundarios, de aquí que este órgano ha canalizado nuestra atención, obligándonos en principio a la realización de intervenciones complejas para evitar la muerte del enfermo, a causa de hemorragia o por obstrucción biliar, sabiendo que solo tratábamos un síntoma, una complicación de una enfermedad intratable entonces.
2. ¿Cómo resumiría su trayectoria profesional y qué nos podría contar sobre el primer trasplante hepático que usted realizó?
Mi primer contacto con la cirugía fue en el antiguo hospital provincial, primero como alumno y después como cirujano por examen-oposición en el servicio del Prof. Dr. Pedro Gómez Fernández. Posteriormente, en el Gran Hospital de la Beneficencia General del Estado (actualmente el Hospital Universitario de La Princesa), en el servicio del Profesor Luis Estella, también por examen-oposición; allí se cumplía la titulación de médico-interno o residente, porque durante cinco años vivíamos en el hospital las 24 horas del día, sin descansos ni límites laborales. Ese maravilloso hospital tenía la cirugía completamente especializada, único hospital en nuestro país, donde los servicios regentados por famosos especialistas estaban dedicados a una especialidad: cirugía cardiovascular (Castro Fariñas), neurocirugía (Sixto Obrador), cirugía general (Plácido González Duarte), cirugía general-digestiva (Luis Estella), cirugía maxilofacial (Sada Tejero), traumatología (A. Hernández Ros), otorrino (R. Tapia), anatomía patológica (A. Carrato Ibañez), etc. A aquel hospital debo mi formación, pasando luego a jefe de sección y posteriormente al Hospital 12 de Octubre por examen-oposición como jefe de Servicio de Cirugía. En aquel magnífico hospital podían realizarse los procedimientos más complejos, iniciando poco después el trasplante de órganos. El primer trasplante hepático lo realicé con el único apoyo del director José Ramón Ricoy y de los intensivistas con mi equipo. La donación se produjo en Barcelona a donde nos trasladó un helicóptero de las fuerzas armadas. La intervención tuvo el éxito esperado, sin complicaciones.
3. ¿Cómo empezó a funcionar la Organización Nacional de Trasplantes y su implantación en España?
La Organización Nacional de Trasplantes inició su perfecta andadura bajo la tutela de responsabilidad del Dr. Rafael Matesanz, de aquí los espectaculares resultados de donaciones, ocupando el número uno de todos los países, soslayando el factor negativo que suponía la existencia de 17 gobiernos autonómicos que querían ofertar el trasplante hepático, llegando a tolerar tres o cinco grupos de trasplante en la misma autonomía, lo cual se toleraba económicamente por la escasa remuneración económica que percibían los equipos de trasplante. En el caso concreto del Hospital 12 de Octubre, es el único centro en el mundo donde el mismo equipo de cirujanos realiza los trasplantes hepáticos en todas sus variedades (adultos, pediátricos, neonatos, donante vivo o en asistolia, etc.). Al mismo tiempo que realizan trasplantes de páncreas y riñón, trasplante intestinal, cluster (trasplante en racimo), mantienen su actividad asistencial habitual (cirugía del cáncer, reintervenciones, cirugía de urgencia, consultas externas de las especialidades afines, etc.), lo cual se debe a la gran responsabilidad y conocimiento de sus integrantes.
4. Usted es experto también en cirugía hepatobiliar, pancreática y gastrointestinal avanzada, así como en nuevas técnicas aplicadas al tratamiento de la hipertensión portal, tumores de la vía biliar y cáncer hepático. ¿Alguna vez ha dejado de estudiar? ¿Cómo estaba al día de las novedades?
Los cirujanos nunca dejan de estudiar si son conscientes de sus responsabilidades. Al tener conocimiento de las novedades que ocurrían fuera de España, hemos aprendido a través de las intervenciones y cambios producidos en otros países acreditados. De esta forma, por el contacto directo, somos conocidos y estamos constantemente al corriente de la evolución de la cirugía. He de recordar que los gastos inducidos por este sistema de aprendizaje siempre son cubiertos por los mismos cirujanos, ya que no existe ninguna financiación estatal que cubra esta necesidad formativa.
5. En el ámbito universitario, usted alcanzó la cátedra de Patología Quirúrgica de la Universidad Complutense y formó a varias generaciones de cirujanos, combinando excelencia técnica, investigación y vocación docente. También ha pertenecido a numerosas academias científicas nacionales e internacionales, y entre sus reconocimientos destaca el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica (1999). ¿Qué se siente tras haber llegado tan lejos? ¿Le queda por cumplir algún sueño?
El cirujano no tiene objetivos entre los que destaque el interés por recibir premios o distinciones, lo cual no quiere decir que no se agradezcan como forma de expresión de una sociedad que desea agradecer a los cirujanos su maestría, su pericia médica, su dedicación y su cariño inmenso hacia el enfermo. Muy frecuentemente tiene más valor una mirada, una caricia o un abrazo. Mi sueño es obtener la curación, sentirme útil para los enfermos o sus familiares, buscar las puertas aún cerradas por el desconocimiento y ayudar a abrirlas.
6. Tras 28 años desde su ingreso en la RANME, ¿qué siente y qué ha aportado como académico de número en Cirugía General?
Creo que he aportado muy poco a la Real Academia Nacional de Medicina de España, pero en cambio he aprendido muchísimo de los académicos tanto numerarios como correspondientes. La RANME es una institución no elitista, pero es justo reconocer que constituye la élite de la ciencia médica, que da un ejemplo de sencillez y humildad.
En la parcela que me atañe toda vez que los académicos tienen diferentes especialidades de conocimiento solo puede aportar lo que constituye la base del mío. Sin embargo, no podemos evitar resaltar la importante dedicación de las distintas juntas directivas y de gobierno que son el sostén del buen funcionamiento de nuestra institución.