
El edadismo sigue muy presente en el ámbito sanitario y social. "La discriminación por edad continúa manifestándose en el acceso a tratamientos, listas de espera, atención clínica, lenguaje cotidiano y toma de decisiones sobre las personas mayores", aseguró el Prof. José Manuel Ribera Casado, académico de número de Geriatría y Gerontología de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), en su última sesión científica celebrada en la Academia.
Esto tiene consecuencias reales sobre la salud y la dignidad. "Los prejuicios asociados a la edad pueden provocar infradiagnóstico, menor acceso a la tecnología sanitaria, exclusión de ensayos clínicos, trato paternalista y peores resultados asistenciales", afirmó quien fue el primer catedrático de Geriatría en España. La fórmula para combatir el edadismo "incluye educación y cambios estructurales, y es necesaria la formación de profesionales, la sensibilización social, el respeto a la autonomía y la participación activa de las personas mayores para avanzar hacia una atención justa", explicó durante su conferencia.
A menudo el edadismo pasa desapercibido o se presenta de forma "normalizada", pero constituye un problema social y sanitario de gran relevancia. "En muchos casos, ciertos síntomas se atribuyen erróneamente a ‘cosas de la edad’, lo que puede retrasar diagnósticos o minimizar problemas de salud tratables. También se tiende a considerar a la persona mayor como menos capaz para decidir, limitando su autonomía y hablando con familiares o acompañantes en lugar de dirigirse directamente a ella", señaló el Prof. Ribera.
El académico mostró los resultados de varias encuestas realizadas y que muestran cómo numerosos mayores afirman haber sufrido infantilización, lenguaje despectivo, falta de consideración o atribución automática de sus dolencias al envejecimiento. Asimismo, incluyó varios ejemplos concretos del edadismo existente en ciertas áreas de la sanidad, como en cardiología, oncología, ictus y programas preventivos. "Durante años, la edad avanzada se utilizó como criterio de exclusión para ciertos tratamientos o pruebas diagnósticas, pese a que posteriormente la evidencia científica demostró que muchos pacientes mayores podían beneficiarse de ellos. También es muy escasa la representación de personas mayores en ensayos clínicos, lo que limita el conocimiento real sobre la eficacia y seguridad de múltiples terapias en este grupo de población", reconoció.
Las causas del edadismo son múltiples: el desconocimiento de la medicina geriátrica, los prejuicios culturales, la simplificación asistencial, el temor a posibles complicaciones, la falta de tiempo o la creencia errónea de que la edad por sí sola justifica limitar intervenciones. Sin embargo, la edad cronológica no debe nunca sortear una valoración individual de salud, funcionalidad y preferencias del paciente.
"La lucha contra el edadismo exige educación, compromiso institucional y cambios culturales profundos. Es necesario reforzar la formación sanitaria en envejecimiento, garantizar la equidad asistencial y promover una sociedad para todas las edades. Las personas mayores tienen más necesidades en algunos ámbitos, pero mantienen los mismos derechos que cualquier otro ciudadano. Y a ellos también les corresponde quejarse del edadismo cuando lo sufran", concluyó.