
La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro para modificar su estructura y funcionamiento en respuesta al aprendizaje, la experiencia, el entorno o una lesión. "Lejos de ser un órgano rígido e inmutable, el cerebro está en constante transformación durante toda la vida. Esta idea, hoy ampliamente aceptada por la neurociencia, supone un cambio profundo respecto a antiguas creencias que consideraban que el sistema nervioso adulto apenas podía cambiar", afirmó el Prof. Francisco José Rubia, académico de número de Fisiología de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME), en su última sesión científica donde abordó la neuroplasticidad cerebral.
Existen distintos tipos de plasticidad cerebral, según explicó el Prof. Rubia. La plasticidad sináptica fortalece o debilita las conexiones entre neuronas según su uso. La neurogénesis permite la formación de nuevas neuronas en ciertas áreas, como el hipocampo. También hay plasticidad estructural, relacionada con cambios físicos en regiones cerebrales, y plasticidad funcional, por la que unas zonas pueden asumir funciones de otras dañadas. Además, existe una plasticidad “negativa”, necesaria para eliminar conexiones poco útiles y hacer más eficiente el cerebro.
"La neuroplasticidad es la base del aprendizaje y la memoria. Cada vez que una persona aprende un idioma, toca un instrumento, memoriza rutas nuevas o entrena una habilidad motora, el cerebro reorganiza sus circuitos neuronales", aseguró este académico. Uno de los ejemplos más conocidos es el estudio realizado con taxistas de Londres, en quienes se observó un aumento del hipocampo posterior, zona clave para la memoria espacial y la navegación. Cuantos más años de experiencia tenían, mayor era esa región cerebral.
Otro caso destacado es el de los músicos profesionales. La práctica intensiva desde edades tempranas produce cambios en la corteza motora, auditiva, visual y en el cuerpo calloso, mejorando la coordinación entre ambos hemisferios cerebrales. También suelen mostrar ventajas en memoria de trabajo, atención sostenida, lenguaje y procesamiento secuencial. La música, por tanto, actúa como un potente entrenamiento cognitivo.
"La plasticidad también explica la recuperación tras daños cerebrales. Después de un ictus, por ejemplo, otras áreas pueden asumir parcialmente funciones perdidas mediante rehabilitación. Asimismo, personas ciegas pueden reutilizar áreas visuales para potenciar oído o tacto, y personas sordas reorganizan redes cerebrales para procesar lenguaje visual y movimiento", aseguró el Prof. Rubia.
Además, este experto hizo hincapié en que los hábitos saludables favorecen la plasticidad. "El ejercicio físico, la meditación, el aprendizaje continuo y la estimulación cognitiva se asocian con mejoras estructurales y funcionales del cerebro, incluso en edades avanzadas. Por el contrario, el estrés crónico, el aislamiento social y la inactividad mental pueden reducir esta capacidad adaptativa", desveló.
El mensaje del Prof. Rubia fue optimista: nunca es tarde para cambiar el cerebro. "La plasticidad se mantiene en la adultez y la vejez, lo que convierte el estilo de vida en un factor decisivo para conservar la salud cognitiva. Mantenerse activo intelectual, social y físicamente puede retrasar el deterioro asociado al envejecimiento y mejorar la calidad de vida", resumió.