El autismo está recibiendo mucho interés en los últimos años. Un gran número de estudios científicos están aportando nuevas evidencias que, sin embargo, no logran modificar los estereotipos que maneja la sociedad. "El autismo está considerado un trastorno del neurodesarrollo, que se presenta desde el nacimiento y persiste durante toda la vida. Es una forma diferente de desarrollo cerebral, no un trastorno que se pueda curar", afirmó el Prof. Emilio Gómez de la Concha, académico de número de Inmunología de la RANME, en su reciente sesión científica celebrada en la Academia con motivo del Día Mundial del Autismo (2 de abril).
"El número de diagnósticos en la infancia aumenta de forma notable, no por un aumento real de casos, sino porque se conoce mejor y se le presta mayor interés. La prevalencia en niños de ocho años ya supera el 2% en Inglaterra o Estados Unidos", relató el académico.
Sin embargo, el número de casos detectados en los adultos es muy bajo (en Inglaterra, en jóvenes de 14 años, 1 de cada 34 esta diagnosticado de autismo, frente a 1 en 6000 en personas de más de 70 años). "Esto, se ha comprobado, es debido no a un aumento real del número de casos con el paso de los años, sino a que los adultos actuales no fueron diagnosticados en su infancia, porque los criterios diagnósticos eran mucho más restrictivos, y a que siguen sin ser diagnosticados como adultos. Esto ocurre, entre otros factores, porque, para evitar el rechazo social, el autista camufla su comportamiento, casi siempre de forma inconsciente, y pasa desapercibido", reveló.
El autismo constituye un abanico muy amplio con presentaciones que varían enormemente de unas personas a otras, por lo que se habla del espectro del autismo y el diagnóstico desde 2013 ha pasado a llamarse Trastorno del Espectro del Autismo (TEA).
En algunos casos está asociado a discapacidad intelectual, pero en muchas ocasiones los autistas tienen una capacidad intelectual normal o incluso en un rango superior. El aumento significativo en el número de diagnósticos en los últimos años corresponde casi exclusivamente a autismo sin discapacidad intelectual. No existe un marcador biológico que facilite el diagnóstico y este se sigue haciendo por el estudio del comportamiento de la persona. "Los criterios diagnósticos utilizados hacen referencia a la presencia de marcados déficits sociales y de comunicación, junto con conductas restrictivas y repetitivas. Ya se reconoce que, aunque en algunos casos puede asociarse a determinados problemas de salud mental, en la mayoría de las ocasiones no es más que un funcionamiento cerebral diferente", puntualizó el Prof. Gómez de la Concha.
Este se caracteriza por un procesamiento lento de la información centrado en los detalles, que puede conllevar dificultades, especialmente en la interacción social. "Pero también se acompaña de una gran capacidad de análisis y de reconocimiento de patrones que les facilita ser muy reflexivos y les proporciona fortalezas en otras áreas como las profesiones técnicas (ingeniería, matemáticas, físicas), la ciencia y la música", señaló.
En su opinión, "probablemente el mayor avance conceptual ha sido pasar de creer que a los autistas no les interesaba socializar, a comprender que, como el resto de los seres humanos, tienen un enorme deseo de pertenencia. Si no interaccionan más socialmente es por la dificultad que les presenta la sociedad neurotípica". Esta les ve como torpes y poco empáticos y tiende a marginarles. Se comienza ahora a comprender que ellos, sin embargo, en función de sus capacidades intelectuales, tratan de compensar sus rasgos autistas, la mayoría de las veces de forma inconsciente, para enmascarar o camuflar sus diferencias y ser aceptados por la sociedad.
"En los últimos años es cuando se han comenzado a conocer con detalle estas estrategias compensatorias. Para muchos autistas es una característica central de sus vidas, aunque permanezca escondida. Su eficacia depende en buena medida de la capacidad intelectual del autista, a mayor capacidad intelectual, mayor éxito de su camuflaje. Eso les facilita que sus dificultades sociales pasen desapercibidas, pero puede acarrear consecuencias muy negativas en otros aspectos, que ahora empiezan a ser conocidas", relató.
Según este académico, el camuflaje aparece como un sistema de autoprotección, necesario para evitar el rechazo social, pero les supone un enorme esfuerzo, estrés, y angustia subjetiva que pueden tener repercusiones en su salud mental. Es responsable de una baja autoestima, frustración, agotamiento y de ansiedad social.
Disimular su comportamiento autista hace que el autismo pase desapercibido (a la mayoría de los adultos autistas "no se les nota"), pero puede ocasionar que sean diagnosticados de diferentes trastornos psiquiátricos (ansiedad, depresión, déficit de atención, trastornos obsesivos compulsivos, trastornos de la personalidad etc.). Los autistas, todavía pocos, que hoy son detectados en la edad adulta, suelen haber recibido previamente alguno de estos otros diagnósticos.
"Consecuencia del autismo no detectado en adultos, del estigma y la marginación social que ocasiona, y del camuflaje, aparecen una mala calidad de vida y problemas emocionales que suponen importantes factores de riesgo para la depresión y los pensamientos suicidas. En un amplio estudio de suicidios en Inglaterra, entre 2014 y 2017, menos del 1% de los suicidas tenían un diagnóstico formal de TEA, pero tras la investigación forense y las entrevistas a familiares y su entorno se encontró una evidencia de posible autismo de hasta en el 40% de los casos", reveló.
La sociedad, explicó, tiene un concepto erróneo del autismo como trastorno mental grave lo que genera un estigma que representa el mayor problema para los autistas. "Estos en su mayoría, especialmente en la edad adulta, permanecen ignorados para la sociedad, ocultos tras un camuflaje al que se ven abocados de forma inconsciente la mayoría de las veces. El estigma y la máscara les provocan una gran inseguridad, estrés, mala calidad de vida y con frecuencia problemas de salud mental. Un mejor conocimiento de la realidad del autismo como un neurodesarrollo diferente que ocasiona dificultades, pero también fortalezas según las áreas, y solo en ocasiones se acompaña de problemas de salud mental, es algo ya bien establecido desde el punto de vista científico, y que necesita trasladarse a la sociedad para que desaparezca el estigma que le acompaña", concluyó.
Conclusiones
El conocimiento de la realidad del autismo y su aceptación produciría una mejora importante en la calidad de vida de los autistas y su integración en la sociedad.